La caída del teatro anticorrupción: Foco, bajo la lupa de su propia exaliada

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Durante años, Foco Panamá fue percibido por muchos como el medio digital irreverente que se atrevía a mostrar la corrupción donde otros callaban. Sus investigaciones y campañas le valieron demandas millonarias del expresidente Ricardo Martinelli y episodios de persecución judicial ampliamente cubiertos por la prensa.

Paradójicamente, hoy el golpe más duro a su credibilidad no viene de un político investigado, sino de alguien que estuvo dentro: la abogada Karisma Karamañites, que participó en el ecosistema de Foco y en la estrategia jurídica contra la candidatura de José Raúl Mulino.

Un retrato desde adentro

El relato que reconstruyen medios como Destino Panamá, En Segundos y otros medios locales, a partir de entrevistas, podcasts y chats notariados, describe un funcionamiento de Foco muy distinto al storytelling del “periodismo valiente”. Según Karisma:

  • Las líneas editoriales sobre ciertos temas se acordaban en chats cerrados donde participaban, además de ella, Annette Planells, Mauricio Valenzuela y otros operadores políticos y legales.

  • Se planificaban “refritos” –republicar o reempaquetar historias antiguas– para mantener presión mediática sobre determinados blancos políticos o empresariales.

  • La amenaza implícita era clara: quien se alineara con el proyecto recibía cobertura favorable; quien se opusiera, quedaba expuesto en el paredón digital del portal. 

Es decir, el medio que en público denunciaba abusos de poder es acusado por su propia excolaboradora de reproducir, en su ámbito, lógicas de coacción e intimidación mediática.

Foco como pieza de una estrategia mayor

Las revelaciones no se limitan a la dinámica interna del portal. De acuerdo con Karisma y con los reportes recientes, Foco habría sido parte de una arquitectura de presión política y judicial destinada a impedir la candidatura de Mulino, amplificando selectivamente filtraciones y narrativas favorables a la demanda de inconstitucionalidad.

Los chats notariados citados por los medios muestran la coordinación entre Karamañites y el abogado Carlos Ernesto González Ramírez para articular la ofensiva legal.

La abogada Karamañites habla abiertamente de Annette Planells, a quien le atribuye haber tenido un “informante de peso” en el TE y “contacto directo” con la presidenta de la CSJ, información que –según esas versiones– se habría usado para calibrar los tiempos y expectativas de la demanda.

Desde esa óptica, Foco no sería solo un medio, sino un instrumento dentro de una estrategia político–mediático–judicial alineada con ciertos intereses. De nuevo: se trata de acusaciones, no de hechos judicialmente probados, pero el patrón que dibujan es consistente entre varios relatos y medios.

¿Denuncia o arma de presión?

El punto neurálgico es el siguiente: ¿en qué momento el periodismo de denuncia se cruza con la lógica de la coacción?

Toda investigación periodística ejerce, por definición, presión sobre los poderes. La diferencia está en el método:

  • Si el criterio de publicación es el interés público, la veracidad y la comprobación rigurosa, estamos ante periodismo legítimo, incómodo pero necesario.

  • Si el criterio pasa a ser “premiar” y “castigar” con portadas según conveniencia política, si se dosifican filtraciones a cambio de favores, si se usa el miedo a la exposición como moneda de cambio, entonces nos acercamos peligrosamente al terreno de la extorsión moral –e incluso penal, si se demostraran beneficios materiales o chantaje.

Karisma afirma que Foco se movía, en muchos casos, en esa segunda lógica. 

Silencio de los señalados y presión por investigar

Un dato relevante: tal como consigna el medio digital En Segundos, ni Foco, ni Annette Planells, ni las instituciones señaladas han ofrecido hasta ahora una respuesta pública detallada que desmonte las acusaciones con hechos y documentos.

Mientras tanto, voces del ámbito jurídico ya plantean que hay “mérito” suficiente para abrir investigaciones formales sobre los presuntos vínculos y posibles delitos que pudieran derivarse del uso coordinado de demandas, filtraciones y campañas mediáticas. 

La Junta Directiva de La Prensa, por su parte, intentó contener el daño emitiendo una nota en la que se distancia de Planells y califica sus actuaciones como incompatibles con los valores del diario. Ese gesto, sin embargo, ha sido leído por muchos –incluido Ricardo Lombana, en su mensaje crítico en X– como una reacción tardía y defensiva, más cercana a salvar la marca que a asumir responsabilidades por lo ocurrido bajo su paraguas institucional.

El precio de un “teatro” roto

Si las acusaciones de Karisma se confirman, el golpe no será únicamente para Foco o para Annette Planells. El verdadero derrumbe sería el del relato completo de un “teatro anticorrupción” que, durante años, capitalizó la indignación ciudadana frente a la impunidad… mientras, según estas denuncias, jugaba con cartas ocultas, negociaba con poder judicial y usaba la reputación ajena como combustible.

Si, en cambio, las acusaciones resultan exageradas o instrumentalizadas por otros actores políticos, quedará en evidencia otro problema: la fragilidad de un ecosistema mediático que puede ser usado como arma de guerra informativa, donde antiguos aliados se destruyen mutuamente a partir de filtraciones parciales y lecturas interesadas de chats privados.

En cualquier escenario, el resultado es el mismo:

  • Menos confianza en los medios.

  • Menos credibilidad para el discurso anticorrupción.

  • Más escepticismo ciudadano frente a cualquier denuncia futura.

Por eso, el país no necesita más glosas ni más “lives” incendiarios, sino procesos claros: auditorías editoriales, investigaciones penales donde corresponda y una revisión profunda de los conflictos de interés entre activismo, negocio mediático y poder político.

Cuando un medio que se proclama fiscalizador es señalado de operar con coacción y daño reputacional selectivo por alguien que estuvo en su propia cocina, el problema deja de ser solo de Foco. Es un espejo incómodo para todo el ecosistema de medios y ONG que se arrogan la bandera de la transparencia.

La caída del teatro anticorrupción no se mide en trending topics. Se medirá en la capacidad –o incapacidad– de Panamá para depurar ese espacio y reconstruir, con reglas claras y límites éticos concretos, la frontera entre periodismo, activismo y operaciones de poder.