Un acierto la designación de Ilya Espino de Marotta

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El Canal de Panamá no es una institución cualquiera y quienes lo dirigen tampoco pueden serlo, razón por la cual cada vez que se acerca un relevo en su administración el país entero observa con atención, consciente de que la decisión tiene consecuencias que van mucho más allá de los nombramientos habituales del Estado panameño.

Al designar a Ilya Espino de Marotta como administradora de la vía interoceánica para el período 2026–2033, la Junta Directiva de la Autoridad del Canal tomó una decisión técnica sólida respaldada por cuatro décadas de trabajo dentro de la institución, antes de que sea también un hito histórico por tratarse de la primera mujer en ocupar ese cargo.

Espino de Marotta no llega al cargo por cuota ni por impulso simbólico, sino porque ingresó al Canal en 1985 como la única ingeniera en el astillero de la División Industrial, participó directamente en la ampliación de la vía y ocupó la subadministración desde enero de 2020, lo que significa que conoce la institución desde adentro, desde los planos y desde las decisiones que mueven los engranajes de una ruta que representa cerca del 6% del comercio marítimo mundial.

El proceso que llevó a su nombramiento también merece reconocimiento, pues se evaluaron más de 100 perfiles con pruebas de capacidad y entrevistas de fondo, manteniendo los criterios técnicos como eje central de la deliberación, que es precisamente lo que debe ser la selección de quien conduce el Canal y no el resultado de negociaciones políticas de trastienda.

El reto que hereda es considerable, dado que la seguridad hídrica de la cuenca del Canal sigue siendo la principal vulnerabilidad operativa, agravada por el cambio climático y por un debate aún inconcluso sobre el embalse del río Indio, mientras la vía debe mantener su competitividad frente a rutas alternas que ganan terreno en el comercio global y que no dan margen para la improvisación.

Que sea la primera mujer en dirigir el Canal es, sin duda, un hito que Panamá debe celebrar, aunque lo que más importa a largo plazo es que sea la persona correcta para el momento correcto, y por la trayectoria, por el rigor del proceso y por la magnitud de lo que está en juego, todo indica que lo es.