Logística e inversiones: de proyectos dispersos a Políticas de Estado

Opinión de José Domingo Arias

La Agencia de Atracción de Inversiones y Promoción de Exportaciones regresa nuevamente al MICI. Esta entidad nació como una iniciativa que propuse siendo viceministro de Comercio Exterior y fue incorporada al plan quinquenal de gobierno. Posteriormente fue trasladada a Cancillería sin fundamento y más tarde convertida en Autoridad. Durante tres administraciones ha estado cambiando de ubicación debido a la falta de visión de quienes han ejercido la Presidencia. Celebro la decisión correcta del presidente Mulino y del ministro Moltó.

La falta de continuidad afectó el desempeño de la Agencia: hoy tendríamos una entidad más robusta con 13 años de experiencia acumulada. Algo peor aún podría suceder con todos los avances que esta administración ha anunciado y pretende implementar, como estoy seguro que hará, en el sector logístico. La administración del presidente Mulino ha reactivado, bajo su liderazgo, el Gabinete Logístico, mecanismo que también tuvo origen en el MICI durante nuestra gestión como viceministro. No obstante, este espacio ha sido activado y desactivado al capricho de cada presidente.

La ausencia de sostenibilidad constituye una verdadera espada de Damocles que amenaza la capacidad del país para implementar políticas de largo plazo y consolidar equipos técnicos que trasciendan los ciclos de gobierno. Si no se establece un marco institucional y legal que garantice la continuidad de los avances logrados, la experiencia histórica demuestra que estos esfuerzos corren un alto riesgo de perderse.

Para enfrentar este dilema, existen tres alternativas institucionales que merecen análisis. Todas apuntan a crear una organización cuya misión sea integrar la administración de los activos logísticos del país bajo un esquema unificado. Esta entidad sería responsable de medir y mejorar permanentemente la conectividad; resolver cuellos de botella; y garantizar la sostenibilidad de las obras de infraestructura y de las tecnologías implementadas. Sin esta institucionalidad, en menos de diez años las obras físicas que este gobierno deje podrían deteriorarse y las tecnologías quedar obsoletas.

Las opciones serían:

  1. Transformar el Ministerio del Canal en Ministerio de Logística.
    Esta opción mantendría al titular como presidente de la Junta Directiva de la ACP y elevaría el tema logístico a rango ministerial. Sin embargo, enfrenta serias limitaciones: el Ministerio del Canal carece de estructura, personal y presupuesto para conformar, en el tiempo necesario, un equipo especializado que asegure la implementación y el seguimiento de los planes en marcha.

  2. Crear una Secretaría Técnica Especializada.
    Ubicada en la Presidencia de la República, esta Secretaría contaría con personal dedicado exclusivamente a la interconexión logística, la medición de eficiencias y el mantenimiento continuo de los activos de infraestructura y tecnología. Al estar cerca de la oficina del Presidente, tendría la jerarquía necesaria para coordinar con ministerios e instituciones vinculadas. No obstante, arrastra un inconveniente histórico: así como se crean, estas secretarías pueden ser eliminadas por gobiernos posteriores, lo que las expone a la discontinuidad política.

  3. Establecer un Viceministerio de Logística en el MICI.
    Esta alternativa es la más robusta y sostenible. El MICI es el espacio natural para atender estos temas, pues ya coordina a nivel ministerial y viceministerial áreas estratégicas del comercio y la inversión. Un Viceministerio de Logística se sumaría al Viceministro de Comercio Exterior, quien mantendría sus funciones actuales. De esta forma, Panamá contaría por primera vez con una figura institucional a nivel ministerial dedicada exclusivamente a la administración, mantenimiento y seguimiento de los activos logísticos.

A diferencia de los enfoques reactivos del pasado, un Viceministerio permitiría una gestión proactiva, sostenida y blindada frente a cambios políticos. Garantizaría la continuidad de planes y obras, evitaría el deterioro de la infraestructura y la obsolescencia tecnológica, y consolidaría un sistema de mejora continua en el largo plazo.

La competitividad logística de Panamá no puede depender de decisiones coyunturales ni de voluntades personales. El país requiere un andamiaje institucional sólido que garantice la continuidad de las políticas públicas más allá de los ciclos de gobierno. Esta administración tiene la voluntad —y estoy seguro de que logrará poner la casa en orden en materia logística—, pero el verdadero legado será dejar las instituciones que aseguren sostenibilidad en el tiempo.