Demolición del monumento Chino en Arraiján: impacto diplomático y reacciones
La noche del pasado sábado 27 de diciembre, la Alcaldía de Arraiján ejecutó la demolición del Monumento a la Comunidad China ubicado en el mirador del Puente de las Américas, en la zona canalera. Sin anuncio público previo, excavadoras ingresaron en horas nocturnas y derribaron la pagoda y el arco que conformaban el monumento cultural. La alcaldía, encabezada por Stefany Peñalba, alegó que la estructura (inaugurada en 2004 para conmemorar 150 años de presencia china en Panamá) presentaba daños severos y suponía un riesgo para visitantes, por lo que procedieron a removerla por seguridad.
Impacto político de alto nivel
La demolición provocó inmediatas reacciones de rechazo del más alto nivel. La Embajada de la República Popular China en Panamá calificó el hecho como “injustificado” y “brutal”, subrayando que se realizó de forma arbitraria, sin previo aviso y sin diálogo con las asociaciones chino-panameñas. En un comunicado, la sede diplomática expresó “profunda consternación” e “indignación”, recordando que el parque y monumento demolidos simbolizaban la amistad entre ambos pueblos y honraban la contribución histórica de la comunidad china al país. También reveló que desde 2024 dichas asociaciones intentaron sin éxito comunicarse con la Alcaldía de Arraiján y ofrecieron financiar la restauración del sitio, propuesta que incluso respaldó la embajada, pero ninguna fue atendida por las autoridades locales.
La reacción del Gobierno Nacional también fue contundente. El presidente José Raúl Mulino condenó el derribo del monumento y afirmó que “no hay justificación alguna para la barbaridad cometida” por la alcaldía, calificando la acción como un acto de irracionalidad “imperdonable”. Mulino anunció que ordenó la reconstrucción inmediata del monumento en el mismo sitio, en coordinación con la comunidad chino-panameña y el Ministerio de Cultura. Asimismo, instó a iniciar de inmediato una investigación para deslindar responsabilidades legales por lo ocurrido.
La misión china manifestó su apoyo a los señalamientos del presidente panameño y exigió a las autoridades una investigación exhaustiva, sanciones severas por las posibles irregularidades y la pronta restauración del “Parque China–Panamá” y su monumento en la ubicación original. Paralelamente, la cancillería china en Pekín presentó una protesta formal ante el Gobierno panameño, tildando la demolición de “gravemente errónea” por herir los sentimientos de la comunidad china y contravenir el espíritu de amistad bilateral.
Por su parte, la Cancillería panameña lamentó que una actuación de carácter administrativo hubiese “generado sentimientos de agravio e incomprensión” en la comunidad de ascendencia china, enfatizando que –más allá de cualquier consideración técnica– el Estado debe actuar con sensibilidad histórica, diálogo y respeto hacia los símbolos que representan la memoria colectiva de los pueblos. De igual forma, el Ministerio de Cultura destacó el valor cultural del monumento y señaló en un comunicado que estos procesos debieron manejarse con mayor consulta, transparencia y respeto a la diversidad, sumándose al llamado presidencial de esclarecer los hechos y preservar la memoria histórica compartida.
La alcaldesa Stefany Peñalba, por su lado, defendió su proceder mediante un pronunciamiento público. Aseguró que la remoción del monumento se basó “exclusivamente en criterios técnicos y de seguridad” ante el avanzado deterioro de la estructura, y que se ejecutó de forma preventiva cumpliendo con la legalidad. Según explicó, una inspección de la Dirección de Obras y Construcciones constató bases metálicas corroídas, grietas y zonas inestables en el mirador que representaban un peligro para las familias, turistas y visitantes.
Peñalba ha sostenido que la decisión fue autónoma, sin obedecer a presiones políticas, y negó que buscara ofender o desconocer el legado cultural de la comunidad china en Panamá. Añadió que el municipio asumirá la renovación del mirador con una “proyección turística panameña y multicultural”, resaltando el rol de Arraiján como “la puerta del oeste” del país. Frente a las críticas, la alcaldesa exhortó a quienes la cuestionan a “dejar de estar pescando en río revuelto”, sugiriendo que algunos adversarios intentan sacar provecho político del caso.
Reacciones polarizadas
El polémico derribo del monumento ha polarizado opiniones en Panamá. Mientras algunos simpatizantes de la alcaldía respaldan la medida argumentando que primó la seguridad pública, la mayoría de las voces (desde miembros de la comunidad china hasta autoridades nacionales y organizaciones civiles) han manifestado indignación por la forma sorpresiva y unilateral en que se eliminó un símbolo histórico.
La Embajada china destacó la amplia “reacción de rechazo en distintos sectores sociales” que generó el hecho en el país y diversas figuras públicas locales lo han tachado de acto aberrante. La controversia alcanzó tal magnitud que incluso exmandatarios y dirigentes políticos panameños sumaron sus críticas.
La comunidad chino-panameña, estimada en unas 300 mil personas, ha manifestado su profundo dolor ante lo ocurrido; no obstante, sus líderes enfatizan que ni la demolición podrá borrar su aporte histórico al país ni este incidente afectará la relación amistosa entre Panamá y China.