Brasil y sus errores mundialistas: Romário, Ronaldinho y ahora Neymar

Brasil no solo ha construido su identidad futbolística sobre el talento, sino sobre la figura del jugador determinante, ese que altera la lógica del partido incluso cuando el sistema falla; sin embargo, de forma recurrente, su historia mundialista exhibe una tensión difícil de explicar entre planificación técnica y lectura simbólica del juego.

En esa grieta aparecen tres decisiones que, vistas en perspectiva parecen un error de cálculo; la exclusión de Romário en 1998, la ausencia de Ronaldinho en 2010 y la posible no convocatoria de Neymar para 2026 bajo la dirección de Carlo Ancelotti.

No se trata de casos aislados, sino de un patrón, Brasil ha tendido a prescindir de su jugador más influyente en momentos donde el Mundial exige precisamente lo contrario.

1998: Romário y la negación del instinto

La no inclusión de Romário en Francia 98 sigue siendo una de las decisiones más discutidas en la historia del fútbol brasileño. Oficialmente, la lesión lo dejaba fuera, sin embargo, el propio jugador sostuvo que podía recuperarse en cuestión de días y pidió ser considerado.

Más allá de la veracidad médica, el punto crítico es otro, Brasil renunció a un jugador emblema y que tenía el talento para cambiar cualquier partido. En la final, con un Ronaldo Nazário condicionado por circunstancias aún debatidas, el equipo careció de una segunda referencia ofensiva con liderazgo real.

2010: Ronaldinho y el exceso de disciplina

Doce años después, el ciclo se repite bajo Dunga. En un intento por construir un equipo funcional y disciplinado, dejó fuera a Ronaldinho, quien, aunque lejos de su pico en el FC Barcelona, atravesaba un momento competitivo en el AC Milan.

El resultado fue un Brasil eficiente pero predecible. La eliminación ante Países Bajos evidenció una carencia que no se resuelve con esquemas, la capacidad de romper partidos cerrados. Ronaldinho, incluso en una versión menos explosiva, ofrecía algo que ningún otro jugador del plantel tenía: improvisación con impacto inmediato.

2026: Neymar y la tentación del recambio

El posible escenario para 2026 introduce una variante contemporánea del mismo dilema. Neymar, marcado por lesiones y desgaste mediático, enfrenta la posibilidad de quedar fuera de la lista final. Bajo una lógica estrictamente física o de renovación generacional, la decisión puede parecer coherente.

Pero el Mundial no responde únicamente a criterios de rendimiento acumulado. Es un torneo corto, de alta densidad emocional, donde los partidos se definen por márgenes mínimos. Neymar, incluso lejos de su mejor versión, sigue siendo el único jugador brasileño con capacidad comprobada de alterar un partido por sí solo en ese contexto.

Prescindir de él implicaría apostar por una Brasil más equilibrada en términos colectivos, pero menos peligrosa en el plano decisivo. Y ese intercambio, históricamente, no le ha resultado favorable.

Una lección incómoda

El fútbol moderno empuja hacia la optimización colectiva, el control de variables y la reducción del riesgo, sin embargo, el Mundial sigue siendo un espacio donde el caos controlado y la genialidad individual tienen un peso desproporcionado.

Brasil, paradójicamente, parece olvidar eso cuando más debería recordarlo.

Si Neymar no llega a 2026, no será solo una decisión técnica, será la reiteración de una tendencia histórica, subestimar el valor de sus propios ídolos en el escenario donde más importan. Y si la historia sirve de guía, ese tipo de errores rara vez queda sin costo.